martes, 29 de septiembre de 2015

Recomendación del libro "El capital en el siglo XXI"

Piketty, Thomas. El capital en el siglo XXI. Fondo de Cultura Económica. Sección de Obras de Economía. 2014. 663 páginas. Por Dr. Juan Gerardo Martínez Borrayo y Mtra. Citlalic López Aceves Thomas Piketty es un economista francés que publicó en el 2013 este libro que comienza a ser considerado un clásico de la economía; y que, para sorpresa de muchos, es ya un best seller, algo inesperado para un libro de economía. El libro es valioso ya que, por un lado, escribe de un tema que nos debería de importar a todos, y por el otro, presenta su información de manera rigurosa pero clara; tiene la virtud de que es posible de leer por cualquiera que no sea un especialista en el área. Hay dos conclusiones generales que se deben de destacar. La primera es que la historia de la distribución de la riqueza es una cuestión eminentemente política y no un tema solo de economía. Esto, en parte, está demostrado por el hecho de que en el siglo XX hubo dos periodos de reducción de la desigualdad que están ligadas a las dos guerras mundiales y a las políticas públicas instrumentadas después de esas conflagraciones. La segunda conclusión a la que llega, es que hay mecanismos que reducen la desigualdad y los hay también que la aumentan. El principal mecanismo de reducción de la desigualdad es el proceso de difusión de los conocimientos, la inversión en la capacitación y formación de habilidades, además de las políticas seguidas en materia de educación, acceso a la formación, así como de instituciones creadas en ese campo. Por otro lado, los mecanismos que aumentan la desigualdad son, en primer lugar un bajo crecimiento y, en segundo lugar, un elevado rendimiento del capital. Sobre todo este segundo y lo resume en la fórmula r>g. Para explicar en qué consiste estos, y otros mecanismos, que generan desigualdad, Piketty nos habla en el primer capítulo sobre qué es el ingreso nacional (el conjunto de los ingresos de los que disponen los residentes de un país a lo largo de un año), qué es el capital (es el valor total, estimado a los precios de mercado de todo lo que poseen los residentes y el gobierno de un países dado, en un momento determinado; siempre y cuando pueda ser intercambiado en un mercado) y cuál es la relación capital/ingreso (la cantidad total de riquezas poseídas en un tiempo dado, puede ser comparada con la cantidad de riquezas producidas y distribuidas en un periodo dado); esta relación se vincula con la participación de los ingresos del capital en el ingreso nacional dando como resultado la primera ley fundamental del capitalismo: ∝=rxβ, en donde α es la participación de los ingresos del capital en el ingreso nacional, r es la tasa de rendimiento promedio del capital y β es la relación capital/ingreso. Con el fin de ilustrar esta ley el resto del capítulo lo dedica a la descripción de las grandes líneas de evolución de la distribución mundial del ingreso y la producción. El segundo capítulo, analiza con detenimiento la evolución de las tasas de crecimiento de la población y de la producción después de la revolución industrial. La relación entre ambas es simple de entender, si el crecimiento de un país es del 3% y su población crece al 1 %, entonces la tasa de crecimiento es en realidad del 2 %. A lo largo de prácticamente toda la historia de la humanidad tales cuentas dan como resultado un crecimiento de 0. Pero es a partir del año 1700 que la producción realmente ha crecido a pesar de que también ha habido un aumento de la población. Esto es aún más cierto para el último siglo. Tomado en su conjunto los últimos tres cientos años, el crecimiento de toda la humanidad ha sido de .8 %. Esta cantidad puede sonar ridícula (todo el mundo quiere crecer a tasas del 7% o más, Fox dixit), pero en realidad es un crecimiento sumamente rápido; esta idea es conocida como la ley del crecimiento acumulado (una tasa de rendimiento anual de algunos puntos porcentuales, acumulada sobre varias décadas, lleva mecánicamente a un muy significativo incremento del capital). El problema es que a futuro se esperan dos cosas, una es que la tasa de crecimiento demográfico en todo el mundo está bajando de tal manera que para el año 2100, cree que va a ser la misma que existía haca mil años. Y en segundo lugar, Piketty augura que para la misma fecha, también la tasa de crecimiento va a bajar probablemente a menos de la mitad de la que existe en la actualidad. Los siguientes cuatro capítulos constituyen la segunda parte del libro llamada “la dinámica de la relación capital/ingreso”. Lo que trata de hacer en esta parte es analizar la manera en que se presenta, en el inicio del siglo XXI, el tema de la evolución a largo plazo de la relación capital/ingreso y del reparto global del ingreso nacional, entre ingresos por trabajo e ingresos por capital. El capítulo III presenta los cambios del capital desde el siglo XVIII en Reino Unido y Francia. En estos dos países básicamente el capital nacional (medido como % del ingreso nacional) ha pasado de ser eminentemente agrícola a capital inmobiliario, industrial y financiero. Pero lo más interesante es que si se hace la división del capital privado y del público, se observa que desde 1700 hasta 1910, en ambos países, el capital privado es mayoritario; pero de 1910 a 1970, hay una drástica reducción de ese capital. Y lo mismo pasa para los casos de Alemania y de Estados Unidos, que es lo que analiza el capítulo IV. Una de las cosas que llama la atención de lo que presenta en los capítulos III y IV es que a pesar de los cambios en la naturaleza del capital, su valor no cambió o bien, cuando lo hizo, tendió a volver a los mismos niveles históricos. Su respuesta es la segunda ley fundamental del capitalismo. La conocida relación entre capital e ingreso β la vincula con la tasa de ahorro del país s y su tasa de crecimiento de su ingreso nacional g y la fórmula es la siguiente β=s/g. Esto es lo principal que analiza en el capítulo V. Utilizando el mismo ejemplo que presenta Piketty, si suponemos que un país ahorra el 12 % de su ingreso y si la tasa de crecimiento es del 2 % anual, entonces el país en cuestión tenderá a acumular el 600 % de ingreso nacional en capital. Esta es una ley válida solo a largo plazo, se necesitan décadas para que se cumpla la ley. En este momento, la relación capital/ingreso en el mundo se acerca al 500% y especula que para finales del siglo será del 700%. La siguiente pregunta que trata de responder Piketty en el capítulo VI es ¿Cuánto del ingreso es debido al capital y cuanto al trabajo? Su análisis histórico muestra que en términos generales la mayor parte de los ingresos provienen del capital y no del trabajo (70 y 30% respectivamente), esto a pesar de que el rendimiento del capital ha sido como del 4 o 5 % en los siglos XVIII y XIX, y de 3 y 4 % hoy en día. Si recordamos que hay una perspectiva de crecimiento bajo y un incremento demográfico nulo, entonces los patrimonios provenientes del pasado adquieren cada vez más una mayor importancia. Al ingresar a la tercera sección del libro, titulada la estructura de la desigualdad, comienza a tratar el tema que en realidad más le interesa: cómo se está concentrando la riqueza a nivel individual. La pregunta central que se plantea en el capítulo VII es ¿qué es más importante en este fenómeno de concentración: el trabajo o la herencia? Su respuesta es que, a pesar de la muy difundida creencia de que las desigualdades se basan en el trabajo y el mérito individual, en realidad el capital siempre está distribuido de manera más desigual que el trabajo. Como hablar de más o menos desigualdad es un tanto ambiguo, introduce unas tablas en las que especifica que una desigualdad baja es aquella en la que el 10% de los más ricos tienen el 25% de los ingresos, mientras que desigualdad muy elevada va a ser aquella que ese mismo grupo de personas tenga el 60%. Si recordamos que el capítulo VI nos dice que la mayor parte de los ingresos vienen del capital, entonces la concentración está más ligada a los ingresos provenientes del capital que del trabajo; y el capital es una cuestión más de herencia que de méritos propios. Llegamos así al capítulo VIII titulado “Los dos mundos”, que es probablemente el más revelador de todos. Como muestra del fenómeno mundial que se está presentando de concentración de la riqueza, describe el caso de Francia. En 1932 el .5% de la población más rica era la que recibía más ingreso por el capital que por el trabajo; esa cifra se redujo en el 2005 al .1%; es decir, mucho menos gente se estaba haciendo realmente rica. Este fenómeno se inició desde la década de los 80 en Francia y en los 70 en los Estados Unidos, con la diferencia de que éste último país la concentración de la riqueza es mucho más acusada. Que la mayor parte de los ingresos sean provenientes del capital, no quiere decir que el trabajo no sea una fuente de riqueza, sobre todo si recordamos que la capacitación para el trabajo, es decir, la educación es la principal forma de distribución de la riqueza. Pero resulta que la concentración de la riqueza se explica también por la aparición de lo que Piketty llama los “superejecutivos”, que son aquellos sujetos que ganan enormes cantidades de dinero por su trabajo (son parte del percentil superior de ricos). Esto es sobre todo cierto para los países anglosajones (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia), menos para Europa y Japón y, al parecer, aún más dramático para los países emergentes (presenta datos de la India, Indonesia, China, Sudáfrica, Argentina y Colombia). Todo esto es parte del capítulo IX. En el capítulo X plantea como eje de análisis el siguiente punto ¿cómo y porque se dio la concentración de la riqueza que estamos observando? La respuesta la dimos en la primera fórmula que presentamos en este texto: r>g. Es decir, ha habido una tasa de rendimiento del capital superior al crecimiento. De hecho siempre es así, pero ¿Por qué el rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento siempre? Hay tres respuestas a esta cuestión: tiempo, crecimiento e impuestos. Pero lo principal son los impuestos: los impuestos al capital son muy reducidos. Si el siglo XX se caracterizó por una baja en la desigualdad, pero a partir de los 80´s esta ha ido aumentando, su conclusión es que el siglo XXI va a ser más desigual que el XX. El capítulo XI analiza a profundidad el papel que jugarán a largo plazo la herencia y el mérito. El autor prevé que para el siglo XXI, la herencia volverá a tener un papel preponderante en la acumulación de la riqueza, pues en el presente, la tasa de rendimiento es mucho más alta que la tasa de crecimiento; además de mostrarse una disminución demográfica importante a futuro. Para el autor, el factor demográfico es determinante para el aumento del crecimiento económico, a menor población, mayor acumulación de riqueza a largo tiempo –patrimonio de herencia- y por lo tanto mayor estancamiento en el crecimiento y en el aumento de la desigualdad, pues el capital no circula a los deciles inferiores que no cuentan con herencia. El capítulo XII que llama “la desigualdad mundial en la riqueza en el siglo XXI” se pregunta ¿va a incrementarse de manera ilimitada en el siglo XXI el porcentaje del capital mundial propiedad de los ultraricos que aparecen en las clasificaciones de las revistas? Piketty cree que no va ase así porque eso llevaría a un colapso de la economía ya que el ahorro de todo el dinero que no puede gastarse ya no se sabe en dónde invertirse y por ello el rendimiento mundial del capital acabará por desplomarse. Y entramos así a la última parte del libro a la que Piketty llama “Regular el capital en el siglo XXI”. ¿Cuál es la propuesta del autor para contrarrestar los efectos de la desigualdad entre la tasa de rendimiento frente a la tasa de crecimiento? Los nombres de los capítulos que constituyen esta sección dan la respuesta. El capítulo XIII se llama “Un estado social para el siglo XXI”, el XIV “Repensar el impuesto progresivo sobre el ingreso”, el XV “un impuesto mundial sobre el capital” y el XVI “la deuda pública”. Sobre el estado social dice que esto significa financiar la educación, salud y jubilaciones. Basándose en John Rawls y Amartya Sen, propone que sea la formación de capacidades, vía una educación competente e incluyente para todos, una de las vías para combatir la desigualdad. El otro punto central de su propuesta son los impuestos. Se debe de organizar con eficacia el financiamiento público y por ello se debe de estructurar el sistema fiscal para que entre más riqueza posean las personas más impuestos paguen. La propuesta de mayor trascendencia del autor se refiere a la formación de un impuesto mundial sobre el capital ¿A qué se refiere el autor con esto? La idea es formar un impuesto de manera progresiva y lenta, primero regionalmente, luego de manera nacional, continental y después mundial sobre el capital individual, es decir, el sobre el valor neto de los activos que cada persona controla. El impuesto mundial sobre el capital es considerado por Piketty como necesario para evitar la creciente desigualdad vaticinada para el siglo XXI, además de ser complementario de los impuestos progresivos en ingreso, herencia y capital. Sin embargo, antes de imponer el impuesto mundial sobre el capital, es necesario democratizar y transparentar la riqueza qué poseen unos y otros en el ámbito internacional y buscar un mecanismo de transparencia financiera internacional. Por último, el debate en muchos países ha sido cómo reducir la deuda pública. Generalmente se ha propuesto que se puede reducir con medidas impositivas, inflacionarias o de austeridad. Pero, en su opinión el debate debería de ser cómo reducir la desigualdad y eso sólo es posible con la participación del Estado en economía, por medio de reformas al sistema fiscal y su democratización en la información, transparencia sobre las grandes fortunas para evitar paraísos fiscales; asimismo, aumentar los impuestos progresivos sobre el capital y la herencia, concentrándose principalmente en las altas fortunas, para de esta manera distribuir el capital a los demás deciles, complementado a su vez con la formación de un impuesto mundial sobre el capital.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Bases biológicas y cerebrales de la felicidad

Por Juan Gerardo Martínez Borrayo La felicidad es un estado al que todas las personas tienen derecho, o así se cree desde la revolución francesa (Bruckner, 2001). Pero su definición es motivo de controversia. De acuerdo a Nettle (2006) deberíamos de distinguir al menos tres niveles: el primero en el que interviene más lo inmediato y directo; son los placeres transitorios. El nivel 2 hace referencia al balance de placeres y dolores a largo plazo; si el resultado es razonablemente positivo entonces consideramos que fuimos felices. Por último, el nivel 3, es la acepción que tiene el sentido más amplio; tiene que ver con el ideal de la buena vida. Vida en la que la persona realiza su verdadero potencial. Al primer nivel se le conoce como hedonia y al último como eudamonia. Esta última es más difícil medir, por ello la primera forma que tenemos para indagar qué es la felicidad va a ser la hedonia y al final diremos unas palabras sobre la eudamonia. Mecanismos cerebrales de la hedonia La hedonia se le divide en tres esferas: el “liking” (impacto hedónico o el componente de placer de las cosas que nos hacen sentir bien), el “wanting” (que es la motivación para la recompensa) y el aprendizaje (que tiene que ver con las asociaciones, representaciones y predicciones sobre futuras recompensas basados en las pasadas experiencias). Se ha observado que participan más o menos los mismos mecanismos neuronales en la generación de reacciones afectivas en numerosos animales (Robinson y Berridge, 2003), probablemente porque cumplen con una finalidad adaptativa. Se ha encontrado que el cerebro tiene muchísimas regiones involucradas en los mecanismos que causan las reacciones placenteras (o liking de acuerdo a la terminología que apuntamos antes); hay áreas subcorticales, tales como el núcleo accumbens (Smith y Berridge, 2007), el pálido ventral, regiones límbicas, el tallo cerebral y el núcleo parabranquial del puente; así como regiones corticales, por ejemplo la región orbitofrontal (Kringelbach, 2005), la ínsula, el prefrontal medial y la corteza cingulada. No todas contribuyen de la misma manera a la sensaciones placenteras; por ejemplo, placeres concretos como comer y tener relaciones sexuales se registran en la parte de atrás de la corteza orbitofrontal (Small, y cols., 2001), mientras que placeres más abstractos como la apreciación del arte, el ganar dinero, el sentido de trascendencia y el altruismo, se registran sobre todo en la parte delantera de la misma corteza orbitofrontal (O´Doherty y cols., 2001). O bien se ha propuesto que la corteza frontal del hemisferio izquierdo tiene un papel especial en los afectos positivos (Davidson e Irvin, 1999), hecho en el que nos centraremos más delante. Pérdida del placer ¿Hasta qué punto se puede ser feliz si se carece de la capacidad de disfrutar de los placeres de la vida? Pues al parecer poco como nos lo demuestran los deprimidos quienes la pérdida del placer (anhedonia) es uno de los síntomas principales (Gorwood, 2008). Es difícil abolir el placer pero, pero se ha encontrado que se haya muy relacionado con el pálido ventral ya que se ha observado que se deteriora la capacidad de disfrutar cuando se le extirpa (Miller y cols., 2006) o cuando se le estimula; aunque se pierden más los placeres concretos que los abstractos. Bioquímica del wanting y el liking El más conocido de todos los antidepresivos es el prozac, que es el nombre comercial de la fluoxetina. Este y otros antidepresivos se les conocen como inhibidores de la recaptura de la serotonina (o simplemente ISRS). Sin embargo, se ha constatado que en sujetos sanos aumentó la extraversión y la emoción positiva (Knutson y cols., 1998), aunque para ello necesitaron muchas semanas de consumo para que los efectos se presentaran, aunque de manera un poco sutil. Se ha observado también que los antidepresivos también reducen la ansiedad, las fobias, el trastorno obsesivo compulsivo y la timidez. El problema es que no se sabe exactamente que hace el sistema de la serotonina con respecto a las emociones. Una explicación es que la sustancia modula el equilibrio entre las emociones positivas y negativas, desplazando el peso de lo negativo hacía lo positivo. Esta hipótesis se corrobora con el estudio de la forma de acción del éxtasis (IUPAC 3,4-metilendioximetanfetamina o más fácilmente MDMA) y de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD). El consumo del éxtasis produce sentimientos de bienestar, claridad mental y compasión. Aunque su abuso se ha visto asociado a depresión y agresividad. En lo que respecta al LSD (y las otras drogas alucinógenas), en general su acción en el sistema nervioso es muy parecida a la serotonina; cuando se le consume, los sujetos reportan sentimientos de expansividad y trascendencia personal. La otra sustancia química que está muy ligada a nuestro tema es la dopamina. La tomografía por emisión de positrones (TEP) en adictos a las drogas ha mostrado que hay una mayor activación de la amígdala y el núcleo accumbens en ellos (Grant y cols., 1996). La amígdala funciona ligando una respuesta emocional adecuada con la información perceptual que va llegando. Mientras que cuando el núcleo accumbens recibe la dopamina está asociada a la urgencia (wanting) de obtener una recompensa. La distinción entre wanting y liking, nos dice que no es lo mismo querer que gustar (Berridge y Valenstein, 1991). Nos podemos imaginar cómo nos hará feliz algo en el futuro, pero no es lo mismo imaginarlo que tenerlo. Sin embargo, cuando la dopamina interactúa con los opioides, se juntan el querer y el gustar, ya que los opioides están implicados con el placer (una demostración de ello es que los antagonistas a los opioides nos inhiben el placer –Drewnowski y cols., 1995). La asimetría cerebral Toda la experiencia humana está mediada por los dos hemisferios, pero cada uno tiene modos diferentes de lidiar con el mundo. En lo que toca al tema de la felicidad, hay personas que tienen tendencias hacía la felicidad o infelicidad porque está más activo en ellos uno u otro hemisferio. En general, el hemisferio izquierdo está ligado al optimismo, mientras que el derecho lo está hacía el pesimismo. Hay dos formas generales en que se ha estudiado este fenómeno: por medio del análisis de casos particulares de personas que tuvieron la desgracia de sufrir un accidente cuyo resultado fue una lesión cerebral. El otro método de investigación es tomar a personas sanas y llevarlas a un laboratorio. Con estos dos métodos se han observado diferencias entre los optimistas y los pesimistas en lo que respecta a la atención selectiva y procesamiento de la información; creencia (o falta de ella) de que uno tiene el poder de influir en las situaciones relevante, eventos y relaciones (Locus de control); y el esquema general que uno sustenta para interpretar los eventos personales (estilo de atribución). Veamos con detalle estas diferencias. Los optimistas tienen sesgos atencionales que les hacen centrarse en la información positiva y rechazar la negativa. Esto ha sido confirmado en estudios de estimulación auditiva, sesgos atencionales y de rastreo ocular. Por ejemplo, en una tarea de rastreo, se encontró que los optimistas, al presentárseles imágenes de cáncer de piel, mueven su mirada alrededor de la mancha, mientras que los pesimistas sí centran sus ojos en la ella (Isaacowitz, 2005). Se ha encontrado que se puede ser optimista de manera voluntaria, hecho en el que se centran las terapias psicológicas. En una investigación en la que se pidió que el sujeto hiciera una re-evaluación de las cosas que consideraba malas en su vida, después de un tiempo se pasó de un bajo nivel de activación del hemisferio izquierdo a uno mucho más alto (Ochsner, Bunge, Gross y Gabrieli, 2002). Al parecer la re-evaluación hizo que el hemisferio izquierdo tuviera mayores niveles de actividad metabólica en los frontales. El locus de control, la segunda de las diferencias entre felices y deprimidos, es la creencia en la habilidad de uno en controlar o no los elementos importantes de la vida. Si creo que mi vida está controlada por fuerzas externas, el locus de control es externo y tiendo a ser pesimista. Si se cree que es uno quien controla su vida, el locus es interno y se es más optimista. Se ha encontrado una relación entre locus interno con mayores niveles de activación del hemisferio izquierdo. Esto ha sido demostrado de varias maneras. Si una persona padece de epilepsia y el origen de esa actividad paroxística se encuentra en el lado izquierdo tienden a ser personas de locus interno y optimistas. Y viceversa. Los optimistas se desempeñan mejor en tareas de lenguaje, mientras que los pesimistas lo hacen en tareas visuo-espaciales. Se ha observado también, que cambiar la creencia sobre nuestro locus de control cambia la fisiología de los hemisferios. En una investigación con estudiantes a los que se les enfrentó a tareas que se les hacía creer que eran solubles o no, se encontró que su actividad cerebral cambiaba de acuerdo a esa creencia. Había mayor activación izquierda si creían que el problema era soluble (Harmon-Jones, Sigelman, Bohlig y Harmon-Jones, 2003). La tercera diferencia es con respecto a los estilos de atribución, que es la manera en que las personas interpretan los eventos importantes de su vida. En estudios de escucha dicótica (cuando la información que se dirige a cada oído es diferente), los participantes escucharon un conjunto de instrucciones. Quienes hicieron caso a las indicaciones que le llegaron por el oído derecho (y que es procesado por el hemisferio izquierdo) atribuyeron su éxito a causas internas, mientras que si fallaban culpaban de su fracaso a causas externas (Drake y Seligman, 1989). Hay otras condiciones que han confirmado este sesgo optimista, los hipocondriacos suelen manifestar más dolor en el lado izquierdo de su cuerpo (Gagliese, Schiff y Taylor, 1995); los anosognósicos (aquellos pacientes que niegan tener problemas) son muchos más frecuentes cuando su lesión cerebral es en el hemisferio derecho (Pia, Neppi-Modona, Ricci y Berti, 2004); una alta autoestima está asociada al hemisferio izquierdo (Nusslock y cols., 2011); los individuos con desorden de la identidad corporal tienen anormalidades en el hemisferio derecho (Giummarra, Bradshaw, Nicholls, Hilti y Brugger, 2011); los anoréxicos y los bulímicos también tienen más actividad en el derecho (Uher y cols., 2005); la toma de riesgos está asociada con el izquierdo y la evitación al derecho (Fecteau y cols., 2007); la depresión está asociada a una hiperactivación del hemisferio derecho (Barnhofer, Chittka, Nightingale, Visser y Crane, 2010); cuando hay un accidente vascular cerebral en el hemisferio derecho los pacientes se ponen eufóricos (Koreki, Takahata, Tabuchi y Kato, 2012) y los suicidas suelen tener una mayor activación derecha (graae y cols., 1996). ¿Por qué esto es así? La respuesta son al menos tres: los pensamientos pesimistas están coloreados por el miedo y el estrés que está mediado por el sistema nervioso simpático (se encarga de prepararnos para la acción); como el simpático se relaciona mucho con el hemisferio derecho se puede decir que este hemisferio tiene que ver con el mantenimiento de un estado de alerta. Esto se confirma por muchos datos como puede ser que la estimulación de la mano derecha enlentece el corazón, mientras que en la izquierda lo aumenta; la reacción de alarma es mayor si el estímulo es aplicado al oído izquierdo; altos niveles de cortisol (la hormona del estrés) correlaciona con un aumento de la actividad del hemisferio derecho (Hewig y cols., 2008); el estrés pos-traumático está relacionado con mayor activación de la mitad derecha del cerebro (Rabe, Beauducel, Zöllner, Maercker y Karl, 2006); y lo mismo con la fobia social y desorden de pánico, hay mayor activación de la parte derecha Bruder, Schneier, Stewart, McGrath y Quitkin, 2004). La segunda respuesta es que el optimismo está relacionado con una actitud proactiva y resulta que la activación conductual está más relacionada con el hemisferio izquierdo, mientras que la inhibición lo está con el derecho. Esta división se extiende a todos los fenómenos mentales, como puede ser el alcanzar metas (izquierdo) o tener una forma cauta de accionar (derecho). Hay, pues, una relación entre pesimismo y pasividad o reducción de la actividad física. Esto explicaría porque el ejercicio ayuda a la depresión (Herring, Puetz, O’Connor y Dishman, 2012) y porque el ejercicio hace que aumente la activación del hemisferio izquierdo. En tercer lugar, existe la propuesta de que todos los procesos mentales están íntimamente entrelazados con el cuerpo; en inglés se utiliza el término embodied, que se podría traducir como “encarnado”. Por ejemplo, si uno se pone una pluma en la boca sosteniéndolo con los dientes, creando así una sonrisa falsa, se aumenta el sentido del humor, comparado con la condición en la que se sostiene la pluma con los labios (simulando un ceño fruncido) (Strack, Martin y Stepper, 1988). En general, se propone (Hecht, 2013) que ser derecho está asociado al sentido de potencia y por ello al hemisferio izquierdo. La eudamonia Antes de terminar cabe decir unas cuantas palabras sobre la segunda acepción del término felicidad, el de la eudamonia, el que define la felicidad como la vida bien vivida. Se tiene documentada un conjunto de áreas cerebrales conocidas como la red de “default”; esta red tiene varias funciones entre las que se encuentran la representación del sí mismo, los modos internos de la cognición y, probablemente, con la consciencia; todos ellos pueden ser componentes importantes para los placeres de alto nivel, así como con los aspectos más significativos de la felicidad (Bruckner y cols., 2008). Hay varios datos que hacen pensar que esta red está conectada tanto con la hedonia y la eudamonia: primero, áreas clave de esta red de “default” son las mismas que la red que sustenta a la hedonia; segundo, todas estas regiones contienen muchos receptores opioides; tercero, porque cambios en la red de “default” correlacionan con cambios en la experiencia subjetiva hedónica y, en cuarto lugar, porque las terapias cognitivas suelen tratar la depresión cambiando las representaciones patológicas que sobre sí mismo tienen las personas y, como habíamos apuntado, esta es una de las funciones que tiene la red de default. Conclusión Para terminar cabe hacer una reflexión. Hay varios estudios que demuestran que los optimistas tienen una mejor autorregulación (ha sido ligado a la capacidad para terminar los estudios y se observa que tienen mejores salarios); tienen muy buenas relaciones sociales (se esfuerzan más en las relaciones, se involucran más en soluciones constructivas de problemas, permanecen más tiempo teniendo satisfacción marital, tienen más apoyo social y predice mayor resiliencia al aislamiento al final de la vida); tienen una orientación hacia la experiencia que los hace manejar mejor el dolor, el placebo para el dolor actúan mejor en ellos, no catastrofizan el dolor, no se ponen ansiosos por evaluaciones médicas, no tienen ideaciones suicidas en tiempos malos, no rumian las ideas y creen que tienen más apoyo de su familia; y, por si fuera poco, tienen mejor salud (tienen menos problemas con el corazón, menos mortalidad por problemas coronarios, tienen menos accidentes vasculares cerebrales, se re-hospitalizan menos, tienen menos problemas inflamatorios y más antioxidantes). Entonces, según todos estos datos, lo ideal sería ser optimista y estar siempre felices. Pero resulta que esto sería paradójico ya que las personas tienen a ser más optimistas de lo que deberían de ser y se comportan de manera irracional. Por ejemplo, se les pregunta sobre sus posibilidades de padecer cáncer o alzheimer o bien de ganarse la lotería o tener un matrimonio feliz y siempre presentan un sesgo optimista (Sharot, Korn y Dolan, 2011), de tal manera que minimizan sus posibilidades de sufrir cosas malas y maximizan las de gozar de las buenas. Al parecer esta irracionalidad es benéfica ya que ayuda a enfrentar el futuro y protege la autoestima. Pero no deja de ser irracional su conducta. Como dice la biblia, “bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Bibliografía Berridge KC, Valenstein ES. What psychological process mediates feeding evoked by electrical stimulation of the lateral hypothalamus? Behav Neurosci. 1991 Feb;105(1):3-14. 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viernes, 31 de octubre de 2014

¿Por qué invertir en educación?

¿Por qué invertir en educación? Soy profesor universitario y desde hace tiempo he escuchado como un mantra decir que la mejor forma de salir del estancamiento en que nos encontramos como país, se subsanaría dedicándole más dinero a la educación Sin embargo, pocas veces he encontrado datos duros que avalen tal afirmación. Es por ello que me permito escribir estas líneas que, espero, ayuden a entender que sí, que la educación es una tabla de salvación para nuestro país. Comenzaré afiermando que una población bien educada y bien capacitada es esencial para el bienestar social y económico de un país. La educación desempeña un papel fundamental para proporcionar a las personas los conocimientos, las capacidades y las competencias necesarias para participar de manera efectiva en la sociedad y en la economía. De manera más concreta, tener una buena educación mejora en gran medida la probabilidad de encontrar empleo y de ganar suficiente dinero. Por ejemplo, si hay un aumento del 10 por ciento en la proporción de personas que obtienen títulos universitarios, hay un aumento del producto per cápita de un 22 por ciento (Glaeser, 2011). Cada vez que un trabajador aumenta un año extra de estudios esto se traduce en un 8 por ciento más de ingresos (Card, 2001). Cuando en 1980 una persona obtenía el grado de licenciatura ganaba un 33 por ciento más que quienes se habían quedado con solo la secundaria terminada; pero para 1990 esta diferencia se había disparado a un 70 por ciento (Economic Report of the President, 1997). Hablando específicamente de México, la tasa de ocupación y los ingresos están estrechamente relacionados con el nivel educativo; a más educación más posibilidades de encontrar empleo mejor remunerado y más estable. Esta aseveración se basa en los datos aportados por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en su sección de Banco de Indicadores Educativos; ahí se puede observar que en la sección de resultados educativos se plantea la pregunta sobre ¿Cuáles son los beneficios de la educación en la participación laboral? Hay cuatro respuestas a esta pregunta: tasa de ocupación según nivel de escolaridad, tasa de desempleo por nivel de escolaridad, porcentaje de trabajadores con contratación estable por nivel de escolaridad y salario relativo por hora trabajada según nivel de escolaridad; ahí se presentan datos del 2005 al 2013. En todos los años para todos los indicadores se observan claramente los beneficios de una mayor educación (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Banco de Indicadores Educativos). A pesar de que parece clara la relación entre mayor educación y bienestar económico, México no invierte lo suficiente en educación. Es por eso que tenemos rezago educativo. De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social -CONEVAL- (http://www.coneval.gob.mx/Medicion/Paginas/Medici%C3%B3n/Indicadores-de-carencia-social.aspx) la población con carencia por rezago educativo es aquella que cumple alguno de los siguientes criterios: 1. Tiene de tres a quince años, no cuenta con la educación básica obligatoria y no asiste a un centro de educación formal. 2. Nació antes de 1982 y no cuenta con el nivel de educación obligatoria vigente en el momento en que debía haberla cursado (primaria completa). 3. Nació a partir de 1982 y no cuenta con el nivel de educación obligatoria (secundaria completa). Para conocer su evolución, la CONEVAL realizó la medición del rezago educativo, a nivel nacional y por entidad federativa, con base en los censos de población y vivienda 1990, 2000 y 2010. Los resultados son los siguientes: 1. En 1990 el porcentaje de la población mexicana que estaba en esta condición era del 14 %, se pasó a 9.7 en el 2000 y a 5.9 en el 2010. 2. El porcentaje de la población nacida antes de 1982 con rezago educativo ha bajado de 39 % en 1990, a 31.2 en el 2000 y a 28.0 % en el 2010 3. Los que nacieron después de 1982 y que no tienen la secundaria, pasaron de 37.9 en el 2000 al 23.1 % en el 2010 En el documento “Estadísticas a propósito del día internacional para la erradicación de la pobreza” del INEGI, el porcentaje de personas que se encontraban de situación de rezago educativo eran 20.7 en el 2010 y 19.2 en el 2012. En términos de números absolutos, eso se traduce en 23.7 millones de personas en el 2010 y 22.6 millones en el 2012. Y no solo nosotros mismos sabemos que estamos mal en educación. También los organismos internacionales han evaluado a México en lo que respecta a su educación y permanentemente se observa que estamos muy por detrás de otros países. Por ejemplo, México es uno de los países que forma parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que tiene, entre otros objetivos, el fijar estándares internacionales para un amplio rango de temas de políticas públicas. La OCDE ha publicado el Índice de Mejor Vida el cual se basa en 11 temas que la OCDE ha identificado como esenciales para las condiciones de vida materiales y la calidad de vida. Tener un buen nivel educativo es uno de esos temas. En los países de la OCDE el 83% de las personas con titulación universitaria tienen un empleo, en comparación con el 55% de las personas que poseen sólo un diploma de educación secundaria. Los ingresos de por vida también aumentan con cada nivel educativo obtenido. Tras el descenso en la demanda de mano de obra que tuvo lugar en las décadas pasadas, los empresarios ahora favorecen un perfil profesional con un mayor nivel educativo. Por consiguiente, las tasas de graduación en educación media superior constituyen un buen indicador de si un país está preparando a sus estudiantes para cumplir con los requisitos mínimos del mercado laboral. En México, el 36% de los adultos entre 25 y 64 años de edad ha obtenido el equivalente de un título de educación secundaria, cifra mucho menor que el promedio de la OCDE de 75% y una de las menores en los países de la OCDE. Esto es ligeramente más aplicable en el caso de los hombres que en el de las mujeres, puesto que el 38% de los hombres ha terminado con éxito la educación secundaria en comparación con el 35% de las mujeres. Esta diferencia de 3 puntos porcentuales es ligeramente mayor que el promedio de la OCDE del 1% y sugiere que podría fortalecerse la participación femenina en la educación secundaria. Entre los jóvenes —el mejor indicador del futuro de México—, el 44% de las personas entre 25 y 34 años de edad ha obtenido el equivalente de un título de educación secundaria, cifra menor que el promedio de la OCDE de 82%, pero que indica un avance. En promedio los mexicanos pasan 15.2 años en el sistema educativo entre los 5 y los 39 años de edad, cifra menor que el promedio de la OCDE de 17.7 años y una de las menores en la OCDE. El sistema educativo mexicano ha crecido rápidamente en los últimos 50 años, de 3 millones de estudiantes a más de 30 millones. Hoy, casi todos los niños de 5 a 14 años de edad asisten a la escuela. También ha habido avances en garantizar que los jóvenes terminen la escuela, con un aumento en la tasa del 33% en 2000 al 49% en 2011. Este avance se ha logrado a pesar de las restricciones en los presupuestos y el rápido crecimiento de la población en edad escolar. Una evidencia más de la gran necesidad de apuntalar nuestro sistema educativo, es que ésta contribuye a la felicidad de las personas. De acuerdo a la Encuesta Mundial de la Felicidad, México ocupa el puesto 24 en los niveles de felicidad de los países. En esa encuesta miden los 9 dominios, entre ellos el de la educación, donde se valoran la alfabetización, el nivel educativo, los conocimientos y valores. La educación tiene un impacto indirecto sobre la felicidad, ya que es más bien un medio para mejorar los ingresos y de ahí hay una relación entre mejores ingresos y felicidad. Se ha demostrado que a más años de estudios se aumenta la posibilidad de ser contratado, se mejora la seguridad en el trabajo y hay muchas mayores posibilidades de promoción (Blanchflower y Oswald, 2004). Por ejemplo, en el “Reporte mundial de competitividad” publicado por el Foro Económico Mundial en el 2011, existen 12 pilares para aumentar la competitividad de los países, entre ellos está la educación básica y superior. Al parecer, la educación aumenta la eficiencia de cada trabajador en lo individual. Más aún, los trabajadores que reciben poca educación formal, solamente son capaces de realizar tareas manuales simples y tienen muchas más dificultades para adaptarse a procesos más avanzados de producción. La falta de educación básica es también una restricción para el desarrollo de negocios, ya que estos encuentran dificultades para producir productos sofisticados o con un mayor valor. En lo que se refiere a la educación superior, se considera que en una economía globalizada requiere de los países que fomenten la existencia de trabajadores bien educados que sean capaces de adaptarse rápidamente a un ambiente cambiante. En el caso de México, somos un país con importantes debilidades que menoscaban nuestra capacidad para aumentar nuestra competitividad, así su sistema educativo se encuentra ubicado en el nivel 107, particularmente en la educación superior estamos en el número 72 y somos el 76 a nivel mundial en capacidad de innovación. Todo esto nos dice que tenemos una inadecuada fuerza de trabajo por no estar bien educada. Si se observa la figura 1 podemos observar que estamos muy lejos del promedio de la OCDE en gasto en ciencia y tecnología (Paredes López, 2006): Figura 1. Tomada de Paredes López, 2006 Una de las condiciones necesarias para aumentar la competitividad de nuestro país, tal y como se infiere de la figura 2, es invertir en ciencia experimental básica, ya que se puede observar una estrecha relación entre el porcentaje del PIB en IDE (Investigación y Desarrollo Experimental) y el grado de competitividad de los países (Fernández Sayas, 2006): Figura 2. Tomada de Fernández Sayas, 2006 Tener una población educada es tener una población que, como habíamos mencionado antes, sea capaz de adaptarse rápidamente a un ambiente cambiante; esto implica habilidades cognitivas más allá de la mera enseñanza y aprendizaje de contenidos. Y esta es una de las funciones más importantes de la educación, impacta directamente sobre las habilidades cognitivas de los educandos y las diferencias en estas habilidades llevan a diferencias en la capacidad de crecimiento económico. Como se puede observan en la figura 3, hay una relación estrecha entre el grado de crecimiento económico y los promedios de las pruebas internacionales que miden el desempeño académico en diferentes regiones del mundo (Hanushek y Woessmann. January 2009): Figura 3. Tomada de Hanushek y Woessmann. January 2009 Como se puede constatar, la región de América Latina, se encuentra en la parte baja de aprovechamiento escolar y por ello somos de las regiones del mundo que menos crecimiento económico tenemos. Es tan fuerte el impacto de las habilidades cognitivas sobre el crecimiento, que explica datos contradictorios de nuestra área como es el caso de un bajo crecimiento a pesar de haber un gran crecimiento en el acceso a la educación. Como se observa en la figura 4, hay una claro rezago de América Latina con respecto a otras regiones del mundo, en lo que respecta al desempeño en las pruebas de aprovechamiento escolar (Hanushek y Woessmann. June 2009): Figura 4. Tomada de Hanushek y Woessmann. June, 2009 Y si observamos la siguiente figura 5, observamos que al igual que la figura 3, hay una estrecha relación entre el crecimiento económico y los promedios de las pruebas internacionales que miden el desempeño académico en diferentes regiones del mundo: Figura 5. Tomada de Hanushek y Woessmann. June, 2009 Por último, en la figura 6 podemos observar más claramente el rezago en el que nos encontramos cuando se superponen las líneas de crecimiento de América Latina y otros países del mundo. Figura 6. Tomada de Hanushek y Woessmann. June, 2009 Conclusiones En resumen he argumentado que tener personas con más estudios es benéfico tanto para el país como para las personas en lo particular; sin embargo, nuestro país no invierte suficiente dinero en la educación en ninguno de sus niveles, tenemos rezago desde la primaria, hasta poca inversión en investigación básica. ¿Por qué la educación es valiosa? Hay dos respuestas posibles, o bien la economía se basa cada vez más en la tecnología, la cual requiere cada vez más de gente capacitada ya sea para entenderla y adaptarse a ella, así como para modificarla. O bien, la globalización económica ha reducido los costos de la transportación, lo cual permite comprar productos producidos en otros países y por ello se hace difícil pagar bien aquí a trabajadores menos cualificados. Cualquiera que sea la explicación, lo que es un hecho es que la mayor escolaridad de la población mexicana nos atraería beneficios a todos. Espero algún día poder ver esto. Bibliografía Blanchflower, D. G., & Oswald, A. J. (2004). Well-Being over time in Britain and the USA. Journal of Public Economics, 88(7–8), 1359-1386. Card, David. ESTIMATING THE RETURN TO SCHOOLING: PROGRESS ON SOME PERSISTENT ECONOMETRIC PROBLEMS. Economettica, Vol. 69, No. 5 (September, 2001, 1127-1160) CONEVAL. Medición de pobreza en México. Economic Report of the President 1997. UNITED STATES GOVERNMENT PRINTING OFFICE. WASHINGTON. 1997 Fernández Sayas, José Luis. Hacia un acuerdo nacional para fomentar el desarrollo, la innovación y la competitividad de México con base en el conocimiento. En La ciencia y la tecnología como ejes de la competitividad de México. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública. 2006 Glaeser, Edward. El triunfo de las ciudades. Cómo nuestra mejor creación nos hace más ricos, más inteligentes, más ecológicos, más sanos y más felices. Ed. Taurus, 2011 Hanushek, Eric A. and Woessmann, Ludger. Do Better Schools Lead to More Growth? Cognitive Skills, Economic Outcomes, and Causation. NBER Working Paper No. 14633, January 2009, JEL No. H4,I2,J3,J61,O1,O4. Disponible en: http://hanushek.stanford.edu/sites/default/files/publications/Hanushek%2BWoessmann%202012%20JEconGrowth%2017(4).pdf Hanushek, Eric A. and Woessmann, Ludger. Schooling, cognitive skills, and the Latin American puzzle. NBER Working Paper No. 15066, June 2009, JEL No. H4,I2,O4, N16. Disponible en: http://hanushek.stanford.edu/sites/default/files/publications/Hanushek%2BWoessmann%202012%20JDevEcon%2099(2).pdf INEGI. 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Canadian Institute for Advanced Research. Centre for Economic Performance. World Happiness Report. Disponible en: (http://www.earthinstitute.columbia.edu/sitefiles/file/Sachs%20Writing/2012/World%20Happiness%20Report.pdf) World Economic Forum. The Global Competitiveness Report, 2011-2012. 2011. Disponible en: http://www3.weforum.org/docs/WEF_GCR_Report_2011-12.pdf

lunes, 19 de agosto de 2013

Recomendación del libro "El optimista racional"

Libro: el optimista racional. ¿Tiene límites la capacidad de progreso de la raza humana?
Autor: Matt Ridley
Matt Ridley, es muy conocido por ser el autor del libro “Genoma”, un tema muy a modo para un zoólogo como es su caso. Lo que parece ser un poco raro es que un biólogo publique un libro sobre economía; pero cuando uno se da cuenta que él es parte de la junta directiva de un banco en Inglaterra, entonces uno entiendo porque lo escribe y porque sus ideas son tan claramente de “derecha”.
Esta posición política le hace escribir un libro que sirve para pelearse sobre casi todos los tópicos polémicos que existen en la actualidad: los transgénicos (argumenta que no existe evidencia científica comprobada de que sean malos para la salud y hoy en día alimentan a una gran parte de la población mundial), el carácter egoísta y competitivo del capitalismo (cita los estudios sobre economía conductual y neuroeconomía que exploran la necesidad de confiar en los demás para realizar transacciones económicas), las ciudades (asegura que el mejor lugar para vivir son en ellas y no en un bucólico remanso de la pradera), el petróleo y las energías alternativas (está en contra de las energías alternativas por caras y sucias, dice que no son nada verdes y que la mejor opción que se tiene es seguir con el petróleo, gas y carbón hasta que se agoten, para posteriormente pasar a la energía nuclear) y claro, no podía dejarlo de lado, el calentamiento global (asegura que es una exageración y aunque se presentara el peor de los escenarios habría formas de superarlo, por no decir que sus efectos no serían tan problemáticos como se asegura).
Pero en realidad no es de eso de lo que quiso hablar, sino de que el gran motor de la evolución humana ha sido la especialización y el intercambio; en sus palabras dice que “el intercambio hizo a la evolución cultural acumulativa y a la inteligencia colectiva”; este progreso ha tenido y va a tener obstáculos, pero argumenta que la mejor forma de haberlos resuelto y de resolverlos a futuro es permitir que los individuos se organicen para seguir intercambiando objetos que los demás deseen.
En general me pareció muy bueno el libro, sólidamente documentado y relativamente bien argumentado, aunque hay secciones en que especula más de la cuenta, sobre todo en sus explicaciones del pasado. Lo recomiendo para todos aquellos que nos encanta la polémica.

lunes, 13 de mayo de 2013

SOÑAR DESPIERTO


LECTURAS DE LA MENTE
Por Juan Gerardo Martínez Borrayo
Departamento de Neurociencias
Universidad de Guadalajara

Soñar despierto
Duerme soñando, con tus ojos tan plenos, despiertos, con tu corazón lleno y radiante, alucinante, tan lleno de amor"; así es como comienza la canción de “El gran silencio” llamada “Duerme Soñando.
Soñar despierto es algo que todos hacemos, pero tenemos la idea de que es malo, porque se le asocia con perder el tiempo. Sin embargo, hay formas buenas y malas de soñar despierto, la mala se le ha relacionado con el Trastorno Obsesivo Compulsivo; mientras que la forma buena tiene que ver con la solución de problemas, la creatividad y la inspiración necesaria para las grandes obras artísticas y científicas.
De acuerdo a Jerome Singer, profesor emérito de psicología de la Universidad de Yale, el soñar despierto es un cambio de la atención de una actividad primaria a una secuencia de respuestas privadas (Singer, 1976); mientras que Michael Kane (McVay y cols., 2009) asegura que es cualquier pensamiento que no está relacionado con la tarea que se trae entre manos.
El primero fue quien dividió el soñar despierto en positiva y negativa (él la llamó disfórica); mientras que el segundo asevera que hay una amplia variedad de formas de soñar despierto que va desde pensar en los ingredientes del desayuno, hasta como salvaríamos a la humanidad de una invasión alienígena. Cabe aclarar que la mayoría de las veces divagamos sobre cosas de la vida cotidiana y no tanto sobre cuestiones grandiosas.
Para darnos una idea de cuánto tiempo nos pasamos soñando despiertos, el citado estudio de McVay se avocó a medirlo. Trabajaron con 72 sujetos a los que les dieron un aparato que hacía sonar un ruido ocho veces al día de forma aleatoria durante una semana completa. En el momento del ruido, los sujetos deberían anotar que era lo que estaban pensando en el ese momento. El resultado fue que en el 30 % de las veces las personas estaban pensando en cosas diferentes de la tarea que estaban realizando. Es decir, 30% de todo el tiempo que estamos despiertos, estamos divagando.

La llave de la creatividad
Hay muchas historias acerca de personas que han solucionado los mayores problemas de su vida cuando no estaban pensando intensamente sobre su problema; tenemos el ejemplo de August Kekulé quien encontró la estructura del benceno al soñar con una serpiente mordiéndose la cola.
Al parecer, una de las claves de la creatividad científica es dejar que la mente flote libremente para que pueda acceder a otras ideas que están bajo la superficie de la conciencia, es la opinión de Jonathan Schooler de la Universidad de California en Santa Barbara (Schooler y Schooler, 2011).
Y no solo los científicos sacan provecho de la divagación mental, sino que también lo hacen los artistas como Orhan Pamuk, el novelista turco ganador del premio nobel del 2007, quien admite que mucho de lo que ha escrito es resultado de su divagación. También es el caso Tim Burton, el cineasta de Hollywood.
La hipótesis de Eric Klinger de la Universidad de Minnesota es que soñar despierto ayuda a la creatividad porque cuando divagamos recordamos metas sobre las que no estamos trabajando en este momento (Klinger, 1990); pero para que realmente funcione es importante saber que uno está soñando despierto; esta idea se desprende de un estudio realizado por Jonathan Smallwood en el 2011 en el que les leían a niños una historia; aquí los niños tenían que apretar un botón cada vez que se sorprendían ellos mismos divagando y también, de vez en cuando, los investigadores interrumpían la lectura para preguntarles si estaban divagando o no; el resultado fue que si se tiene la habilidad para notar que estamos en una ensoñación, parecen ser que somos más creativos ya que fueron quienes se detectaron soñando despierto obtuvieron puntajes más altos en pruebas de creatividad.
Otra cosa que ayuda a que la divagación fomente la creatividad es hacer una actividad que sea medianamente demandante, ni muy difícil ni tampoco muy fácil o no hacer nada (Sio y Ormerod, 2009). Al parecer, dejar que la mente flote durante una tarea medianamente complicada puede hacer accesibles otras ideas  que no están fácilmente disponibles de manera consciente.

Ensoñación y cerebro
Al soñar despierto se le ha relacionado básicamente con la llamada “Red de Default”; esta red fue descubierta, entre otros, por Marcus Raichle en el 2001 (Raichle y cols., 2001) y consiste en tres regiones: la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada anterior y la corteza parietal. La primera tiene que ver, entre otras funciones, con imaginarnos a nosotros mismos y para saber cuáles son los sentimientos y los pensamientos de otras personas. La segunda, se le asocia con la capacidad para generar nuestras memorias personales. Y la tercera, ayuda a la conservación de información.
Esta red se activa cuando las personas están realizando actividades monótonas (Christoff y cols., 2009), que es cuando más posibilidades tenemos de estar soñando despiertos. Lo que se ha encontrado es que si las personas estaban divagando, esta red de áreas cerebrales se activaba; pero algo bastante notable es que la activación es mayor cuando no eran capaces de darse cuenta de que estaban soñando despiertos.
Otra prueba de que están relacionados la red de default y la ensoñación es que cuando hay daño en estas regiones cerebrales se altera la capacidad de ensoñar, así lo demostró Peter Williamson en un estudio del 2007 en que trabajó con esquizofrénicos los cuales suelen tener alteraciones en la corteza prefrontal medial, un lugar relacionado con el auto-reflejo (Bluhm y cols., 2007).
Además, aquellos que le dan vueltas a los pensamientos una y otra vez (se le conoce como rumiación) como les sucede a los depresivos, se ha visto que tienen muy activada la misma rede de default (Johnson y cols., 2006).

Ensoñación compulsiva
Este tema de las alteraciones cerebrales nos da pie para hablar de los ensoñadores patológicos. En este caso, estamos hablando de aquellos sujetos que simplemente no pueden dejar de soñar despiertos.
Cynthia Schupak es una investigadora que está interesada en ayudar a estas personas con ensoñación patológica. Se dice que es patológica, porque hay casos tan graves en los que hasta el 90 % del tiempo que están despiertos se la pasan ensoñando. Ella ha propuesto (Schupak y cols., 2009) que este es un desorden mental que debería clasificarse dentro los manuales de trastornos mentales, al igual que está la depresión o la esquizofrenia. Ha encontrado que 93% de sus pacientes se sienten angustiados por no poder dejar de soñar despiertos.
En consonancia con esta idea Eli Somer de la Universidad de Haifa en Israel, tienen registrados seis casos de sujetos con fantasías sádicas y que habían sufrido de traumas en su infancia. En su opinión las fantasías son un mecanismo de afrontamiento para lidiar con una realidad que les es intolerable (Lauterbach y cols., 2008).
Así pues, tenemos que soñar despierto es algo muy humano. Solo que si se vuelve algo no benéfico, fuera de control e incómodo, estaríamos hablando de una patología mental. Revisen que tanto divagan y si creen tener problemas, no duden en buscar ayuda.


Bibliografía

Singer, Jerome L. (1976). The inner World of Daydreaming. Harper & Row

McVay, J.C., Kane, M.J., & Kwapil, T.R. (2009). Tracking the train of thought from the laboratory into everyday life: An experience-sampling study of mind-wandering across controlled and ecological contexts. Psychonomic Bulletin & Review, 16, 857-863.

Schooler, J.W., Hunt .T & Schooler, J.N. (2011) Reconsidering the Metaphysics of Science from the Inside Out. In S. Schmidt, H. Wallach, Eds Neuroscience Consciousness and Spirituality (pp 157-194) New York: Springer

Klinger, E. (1990). Daydreaming. Los Angeles, CA: Tarcher (Putnam).

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Sio, U., & Ormerod, T. (2009). Does incubation enhance problem solving? A meta-analytic review. Psychological Bulletin, 135(1), 94-120, doi: 10.1037/a0014212

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Christoff, K., Gordon, A. M., Smallwood, J., Smith, R., & Schooler, J. W. (2009). Experience sampling during fMRI reveals default network and executive system contributions to mind wandering. Proceedings of the National Academy of Sciences USA, 106(21), 8719-8724.

Bluhm RL, Miller J, Lanius RA, Osuch EA, Boksman K, Neufeld RW, Théberge J, Schaefer B, Williamson P. Spontaneous low-frequency fluctuations in the BOLD signal in schizophrenic patients: anomalies in the default network. Schizophr Bull. 2007 Jul;33(4):1004-12. Epub 2007 Jun 7. Review.

Johnson, M.K., Raye, C.L., Mitchell, K.J., Touryan, S.R., Greene, E.J., & Nolen-Hoeksema, S.  (2006).  Dissociating medial frontal and posterior cingulate
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Comentarios y sugerencias favor de dirigirlos a la siguiente cuenta de correo electrónico: jugemab1@yahoo.com.mx o en http://www.myspace.com/juangerardomartinez, en Facebook, blogger “lecturas de la mente” http://lecturas-de-la-mente.blogspot.mx/ y twitter @JGerardoMartnez

viernes, 26 de abril de 2013

Moral, psicopatía y cerebro

LECTURAS DE LA MENTE
Por Juan Gerardo Martínez Borrayo
Departamento de Neurociencias
Universidad de Guadalajara

La moralidad y prefrontal
Seguido he escuchado decir que el hubiera no existe; a mí me parece una mala idea porque es como decir que somos perfectos y que nada de los que hemos hecho está mal. No es cierto. Cometemos errores y sentirnos mal por nuestras acciones es un signo de ser una persona sana. Pero hay de errores a errores que cometemos. Me puedo sentir mal porque un vaso se me cayó o porque cometí un asesinato.
Así, tenemos por un lado las transgresiones morales que están definidas por sus consecuencias en los derechos y bienestar de otras personas. Y por otro lado están las transgresiones a las convenciones sociales, las cuales son violaciones a las conductas que estructuran las interacciones sociales.
Las personas sanas logran distinguir desde muy pronto (39 meses de nacidos –Smetana, 1981-) entre estos dos tipos de moralidad y se ha especulado que es resultado de la socialización, por ejemplo al castigar (Trasler, 1978), o bien de un razonamiento abstracto (Turien y cols., 1987).
Si es cierto que desde muy chicos los seres humanos pueden razonar abstractamente sobre las cuestiones morales, entonces todos aquellos que tengan problemas en este razonamiento no van a poder distinguir entre transgresiones morales y transgresiones sociales; y viceversa, los que tengan problemas en hacer esta distinción van a tener problemas también en el razonamiento abstracto.

Psicopatía
La psicopatía es (Lynam y cols., 2007) un desorden del desarrollo que se caracteriza por una reducción en la culpa, la empatía, carencia de vínculos significativos con quienes los rodean y realización de actos antisociales, incluyendo la impulsividad y pobre control conductual.
Suele distinguirse (Berkowitz, 1993) entre agresión reactiva (la que ocurre de manera explosiva ante una amenaza o una frustración y que no está dirigida hacía una meta) de la agresión instrumental (la que se usa para lograr una meta como es el asalto). Y los psicópatas suelen tener aumentadas ambos tipos de agresividad, pero sobre todo la instrumental: usa la agresión y el daño para lograr sus metas personales (Frick y cols., 2003).

Psicopatía y moralidad
Hay muchas investigaciones que se han realizado que sugieren la importancia de las emociones en el desarrollo moral (Blair, 1995); se dice que distinguimos entre transgresiones morales y sociales por que solo las morales están asociadas con un verdadero sufrimiento en las personas, así que si existiera una persona que tiene problemas para distinguir cuando alguien está sufriendo, entonces tendría problemas en hacer la distinción entre transgresiones morales y sociales; y ese es precisamente el problema con los psicópatas.
Se han hecho estudios, en donde se ha comprobado que tienen una disminución de sus respuestas autonómicas (sudoración y respuesta galvánica de la piel o ponerse chinita la piel) al presentárseles imágenes de personas sufriendo (Blair y cols., 1997) y no reconocen las expresiones de tristeza y miedo (Dolan y Fullam, 2006).
Esto sugiere que un factor crucial para la socialización moral es la apreciación de las respuestas emocionales de las otras personas. El problema es que los psicópatas son menos susceptibles de ser influenciados por la socialización que hacen los padres, que los individuos sanos. Esto sugiere también que los sistemas neuronales que están implicados en la psicopatía pueden ser importantes para el desarrollo moral.

La disfunción neuronal en la psicopatía
Los estudios neuropsicológicos han identificado dos regiones centrales en la psicopatía: la amígdala y la corteza prefrontal ventromedial (CPFVM). Por ejemplo, se ha visto que las personas psicópatas tienen deficiencias en el condicionamiento aversivo, el aumento del reflejo de miedo al ver amenazas visuales; estos deterioros son iguales a los que presentan personas con lesiones de la amígdala (Blair, 2006). También se ha visto que los psicópatas tienen problemas con tareas como la Iowa Gambling Task, exactamente igual que los sujetos con lesión en  la CPFVM.
Antes de continuar debemos de aclarar que la psicopatía no es una condición neurológica. Es decir, no está asociada con lesión de una región particular del cerebro.
Teniendo en cuenta esto, podemos observar que los estudios de neuroimagen en individuos psicópatas han mostrado una reducción de la actividad de la amígdala y en la región rostral de la corteza cingulada anterior y de la  CPFVM en respuesta a palabras emocionales, durante el condicionamiento aversivo y a caras con expresiones emocionales (Gordon y cols., 2004).

La amígdala, la  CPFVM y la moralidad
La amígdala y la  CPFVM están implicadas también en la emergencia del razonamiento moral; por ejemplo, hay un incremento de la actividad de la CPFVM en respuesta a elecciones morales (ver figura 1) (Luo y cols., 2006); también se ha observado un mayor o menor incremento de la actividad de la amígdala y de la  CPFVM en respuesta a la mayor o menor severidad de una transgresión moral.

Una propuesta
Dado que las investigaciones sobre la amígdala y la CPFVM no han precisado sus roles funcionales R. J. R. Blair del Programa de Humor y Ansiedad del Instituto Nacional de Salud Mental, propone (el artículo) que la amígdala es crucial para el aprendizaje, mediando las respuestas emocionales y las representaciones de los estímulos condicionados dentro de la corteza temporal; con ello se posibilita que los sujetos aprendan que es lo bueno o lo malo de las acciones.
Básicamente dice que el aprendizaje de lo que es moral (aprendizaje de que ciertas acciones dañan a otros y que por eso mismo deben de ser evitadas) yace en el rol de la amígdala. Los psicópatas son el caso extremo de personas que no responden a las señales de daño y dolor de sus congéneres. Es por eso que son bastante más difíciles de enseñarles a ser sociables (Oxford y cols., 2003).
Por otro lado, la amígdala se relaciona fuertemente con otras regiones cerebrales, como son la corteza prefrontal orbital y la CPFVM, proveyéndoles de un reforzamiento. Es decir, si la CPFVM representa la información de las acciones mías y de las personas que me rodean, la amígdala se encarga de dotarlas de emociones positivas o negativas. En los psicópatas, lo que pasa es que este reforzamiento de la amígdala se interrumpe y no se puede evitar realizar acciones que son emocionalmente aversivas (Koenigs y cols., 2007).
Esta propuesta tiene potenciales implicaciones terapéuticas tanto farmacológicas como psicológicas. Dentro del primer tipo se está trabajando con drogas que tienen como blanco a la amígdala modulando su actividad, enfocándose específicamente en la serotonina y la noradrenalina. Por el otro lado, la terapia psicológica que más parece funcionar es la técnica de extinción basadas en la terapias cognitivo-conductual. Lo más seguro es que ambos tratamientos terminen siendo utilizados para lograr que se asocien las acciones que hieren a otras personas con una respuesta emocional en el psicópata. 

Bibliografía

Smetana, J.G. (1981) Preschool children’s conceptions of moral and social rules. Child Dev. 52, 1333–1336

Trasler, G. (1978) Relations between psychopathy and persistent criminality – methodological and theoretical issues. In Psychopathic Behaviour: Approaches to Research (Hare, R.D. and Schalling, D., eds), pp. 273–298, Wiley

Turiel, E. et al. (1987) Morality: its structure, functions, and vagaries. In The Emergence of Morality in Young Children (Kagan, J. and Lamb, S., eds), pp. 155–245, University of Chicago Press

Lynam, D.R. et al. (2007) Longitudinal evidence that psychopathy scores in early adolescence predict adult psychopathy. J. Abnorm. Psychol. 116, 155–165

Berkowitz, L. (1993) Aggression: Its Causes, Consequences and Control, Temple University Press

Frick, P.J. et al. (2003) Callous-unemotional traits and conduct problems in the prediction of conduct problem severity, aggression, and self-report delinquency. J. Abnorm. Child Psychol. 31, 457–470

Blair, R.J.R. (1995) A cognitive developmental approach to morality: investigating the psychopath. Cognition 57, 1–29

Blair, R.J.R. et al. (1997) The psychopathic individual: a lack of responsiveness to distress cues? Psychophysiology 34, 192–198

Dolan, M. and Fullam, R. (2006) Face affect recognition deficits in personality-disordered offenders: association with psychopathy. Psychol. Med. 36, 1563–1569

Blair, R.J.R. (2006) The emergence of psychopathy: implications for the neuropsychological approach to developmental disorders. Cognition 101, 414–442

Gordon, H.L. et al. (2004) Functional differences among those high and low on a trait measure of psychopathy. Biol. Psychiatry 56, 516– 521

Luo, Q. et al. (2006) The neural basis of implicit moral attitude – an IAT study using event-related fMRI. Neuroimage 30, 1449–1457

Blair, R.J. R. (2007). The amygdala and ventromedial prefrontal cortex in morality and psychopathy. TRENDS in Cognitive Sciences Vol.11 No.9


Oxford, M. et al. (2003) Callous-unemotional traits moderate the relation between ineffective parenting and child externalizing problems: a partial replication and extension. J. Clin. Child Adolesc. Psychol. 32, 577–585

Koenigs, M. et al. (2007) Damage to the prefrontal cortex increases utilitarian moral judgements. Nature 446, 908–911


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martes, 26 de marzo de 2013

Recomendación del libro "El cisne negro"


El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable
Autor: Nassim Nicholas Taleb
Ed. Paidos
Imagínense que usted es un guajolote que desde que nació siempre, cada día, su dueño ha venido a darle de comer puntualmente tres veces al día; con base a que esa rutina se ha repetido invariablemente durante tres años usted podría inferir que la intensión de su dueño es velar por su bienestar y que jamás se va a atrever a hacerle daño; hasta que llega la víspera de navidad y su dueño, en vez de darle su comida lo atrapa y le tuerce el cuello.
El cisne negro usa esta analogía para decirnos que tendemos a centrarnos en las cosas que pasan y no en las que no pasan pero que pudieron haber pasado o que pudieran pasar en un futuro pero que, dado que las consideramos sucesos altamente improbables, nos manejamos como si jamás fueran a pasar.
Pero el problema, es que estamos viviendo un mundo que no es estable, sino que es altamente volátil (el autor les llama mediocristan y extremistán). En la opinión del Taleb, creer que en nuestro mundo las cosas poco probables no se presentaran nos pone de modo para que, cuando sucedan, nos tomen completamente desprevenidos.
Incluso creemos que conocemos nuestro mundo más de lo que en realidad lo conocemos. Una de las cosas sobre las que más insiste Taleb es que estamos en un entorno altamente azaroso y que en retrospectiva podemos encontrar las razones de por qué pasaron las cosas que pasaron  (la falacia narrativa le llama), pero que eso no nos sirve para nada para predecir lo que va a pasar en el futuro.
De hecho, afirma que simplemente no podemos predecir; y una de las herramientas que más hemos utilizado para calcular la probabilidad de que algo vaya a ocurrir, la campana de Gauss, la considera como “el gran fraude intelectual” de nuestra época.
Qué es lo que deberíamos de hacer en opinión de Taleb; primero, considerar que no todos los eventos azarosos son negativos, también los hay positivos (la estrategia es exponerse a los positivos y ponerse paranoico con los negativos); aprovechemos cualquier oportunidad o cualquier cosa que parezca serlo; no intentemos predecir, sobre todo de manera específica, porque nos volvemos vulnerables a lo que no hemos previsto; y tengamos cuidado con escuchar a todos aquellos que nos dicen que es lo que va a pasar en el futuro, ya sea agentes del gobierno o científicos.